Imagine el cristalino como una lente orgánica dinámica, suspendida delicadamente detrás del iris. A diferencia de las lentes artificiales, esta estructura posee la extraordinaria capacidad de la acomodación, modificando su curvatura para capturar detalles tanto en la lejanía del horizonte como en la cercanía de un libro.
Su transparencia es vital. Actúa como el medio refractivo principal que canaliza los rayos de luz hacia la retina, permitiéndonos interpretar el mundo con nitidez, saturación de color y profundidad espacial. Es, en esencia, el arquitecto de nuestro enfoque visual.